Piedra del Sol. Al centro: Ollin Tonatiuh. Sol en movimiento.
Si me preguntan: ¿Por qué no comenzar con el primer día de entrenamiento? La respuesta es simple: la teoría literaria dicta que las mejores historias nunca se cuentan desde el principio. De modo que ya les contaré más tarde aquellos primeros 15 días de preparación para el verdadero entrenamiento. Por ahora debo decirles que el trabajo del día de hoy consistió en un par de actividades más bien tranquilas:
-2.8 kilómetros de caminata con polainas de 1/2 kg
-15 minutos de ejercicios para fortalecer el core
-12 lagartijas
-Estiramiento final
Debido a que mi entrenadora personal se encuentra de viaje, ésta es la primera sesión que hago realmente solo, sin supervisión. Me parece que no me fue mal, aunque extrañé que se riera de mi poca flexibilidad.
A mí en general nunca me había importado. Las actividades que realizo de manera cotidiana no requieren que pueda tocarme las puntas de los pies sin doblar las rodillas o que sea capaz de realizar un split en medio de algún salón de clase. Lo curioso es que, cuando me puse a investigar, resulta que la flexibilidad no solamente es esencial para los atletas, sino que en general nuestra calidad de vida se ve mejorada cuando aumentamos y mantenemos buenos rangos de movimiento en las articulaciones. Sucede lo contrario si la dejamos perder, como cuando pasamos seis, ocho o diez horas sentados o trabajando en una misma posición, sin poner atención a las necesidades de nuestro propio cuerpo.
Eso me llevó a pensar en lo que sabemos acerca de la cosmogonía Azteca: si Ollin Tonatiuh no recibía su tributo sacrificial se negaría a moverse a través del cielo, trayendo así la destrucción de todas las cosas. Más allá de la fascinación de los prehispánicos con el sol, me llama la atención su conciencia de la capacidad destructiva de la inmovilidad. Así como el sol destruía todo negándose al movimiento, el trabajo me había llevado a destruir mi propio cuerpo mientras estaba preocupado en pagarle tributo a otras mentes sin considerar con verdadera seriedad el propio transcurso que yo debía recorrer.
En fin, con estas consideraciones en mente, los dejo hasta el nuevo sol.

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